Continuación del artículo de ayer respecto a los inicios del gigante de internet contados por el famoso ya empleado 59 que los vivió en auténtica primera persona
……Abril estaba a la vuelta de la esquina. Era mi primer abril en Google. Mi primer Día del Inocente (que en EE.UU. se celebra el primero de abril). A Sergey le encantaba la fecha.
Mi idea para nuestra primera travesura fue una «búsqueda atemporal», un invento revolucionario que anticipara las búsquedas de los usuarios. El tono era bastante nerd y Sergey pensaba que era exagerado, pero dijo que tenía potencial. Un ingeniero sugirió el nombre «MentalPlex» para nuestra nueva tecnología para leer la mente.
Luego definimos el texto para un enlace a la página de inicio y una docena de mensajes de error que se mostrarían de manera aleatoria si alguien ingresaba una consulta en el cuadro de búsqueda de MentalPlex.
Alguien señaló que con nuestra entonces flamante interfaz de lenguas extranjeras, la broma podría extenderse más allá del inglés.
«Uno de los mensajes de error diría que MentalPlex ha detectado pensamientos extranjeros», sugirió Susan Wojcicki, la directora de marketing, «y entonces podemos traducir el texto de la interfaz en la página de resultados en alemán».
Cuando la broma se lanzó, los usuarios de Google podían ver una imagen animada en espiral invitándolos a probar MentalPlex. Me sentí aliviado de haber acabado el proyecto a tiempo, pero también estaba aterrorizado.
Tan pronto como lanzamos la broma, comencé a actualizar compulsivamente mi bandeja de entrada para ver si había e-mails de los usuarios. El primer mensaje en llegar decía: «¡Google es genial!». Comenzaron a llegar más mensajes. La gente estaba sorprendida. No pensaba que los motores de búsqueda tenían sentido del humor. Les gustaba. Durante las siguientes horas sonó un coro de alabanzas.
«MentalPlex me pareció algo divertido, pero los resultados en diferentes idiomas hacen que sea difícil de usar. La broma muere muy rápido», dijo otro.
Las voces discordantes sobre la confusión y la molestia comenzaron a aumentar.
Por desgracia, era viernes por la noche. Los ingenieros estaban con Sergey en un restaurante a 20 minutos. Nadie en la oficina estaba autorizado para hacer cambios a la broma.
Finalmente, intervino un ingeniero. Ahora nuestros resultados no deseados estaban en portugués. Los ingenieros pensaron que la broma era demasiado divertida como para eliminarla por completo, así que sólo cambiaron la interfaz a otro idioma.
Las quejas siguieron llegando. Llamé a Sergey e insistí en quitar todos los resultados en lengua extranjera. Él aceptó de mala gana.
«Una parte no insignificante de nuestros usuarios son unos completos idiotas si no pueden descifrar cómo usar nuestro sitio sólo porque todo está en portugués», se molestó un ingeniero.
Google había pasado de atender a la élite tecnológica a jugar en el mercado masivo.
* * *
Desde que me fui, he escuchado especulaciones acerca de Google. Que es un monopolio. Que rastrea a los usuarios. Que está confabulando con el gobierno. Que espía a la gente. Que es malvado.
Bueno, tal vez sea todo eso. Hace más de cinco años que no trabajo allí. Las cosas cambian. Pero basado en la gente que conocí durante mi tiempo ahí —muchos de los cuales aún trabajan largas horas para perfeccionar un producto que es usado por millones de personas todos los días—, yo diría que es muy poco probable.
¿Es Google reservado? Sin duda. ¿Arrogante? Tal vez. ¿Hace oídos sordos a las preocupaciones de los usuarios que afirma servir? A veces. ¿Pero malvado? No lo creo.
Google tenía ansias de cambiar el mundo en una generación. Y ahí yace, en mi opinión, el gran defecto de la empresa, la impaciencia con aquellos que no son lo suficientemente rápidos como para captar la obvia verdad de la visión de Google.
«¿Cuándo nos hemos equivocado?», me preguntó una vez Larry.
No muy a menudo. Pero «no muy a menudo» no es nunca. Si los líderes de Google aceptaran esa realidad, podrían entender por qué algunas personas no están dispuestas a abandonar el escepticismo y rendirse ante las garantías que ofrece Google.
Después de Google, me encuentro impaciente con la forma en que funciona el mundo. ¿Por qué es tan difícil programar una grabación en mi DVR? ¿Por qué los semáforos no están sincronizados de modo que mantengan el tráfico a una velocidad óptima? Todos esos problemas tienen solución. Las personas inteligentes, motivadas para hacer las cosas mejor, pueden hacer casi cualquier cosa. Tengo suerte de haber visto de primera mano qué tan cierto es eso.
Fuente: WSJ



