A raíz del libro ‘I’m Feeling Lucky: The Confessions of Google Employee Number 59’ , hemos conocido algunas de la interiorioridades del nacimiento de este transatlántico empresarials de la economía 2.0 y 3.0, que no ha parado de evolucionar desde entonces. Os traemos 2 entregas del extracto del mismo.
En Noviembre de 1999, Douglas Edwards se convirtió en el primer «gerente de marca» y empleado número 59 de la novata Google. En este adelanto de su libro, ‘I’m feeling lucky’ (Me siento con suerte), Edwards ofrece un relato de primera mano de los comienzos de la empresa, partiendo de su entrevista para el puesto con el cofundador Sergey Brin, entonces de 26 años de edad.
Cindy McCaffrey, la directora de relaciones públicas, me condujo a la sala de conferencias para esperar a Sergey. No estaba nervioso. Sergey tenía más o menos la edad de mi camiseta favorita (en ese entonces yo tenía 41 años). Soy ruso de nacimiento. He vivido en Rusia. Hablo un poco de ruso. Tengo amigos rusos.
Estaba inusualmente seguro de que me iría bien en la entrevista. Tal vez me convertiría en su mentor y brindaríamos a nuestra salud con un fino vodka siberiano. Sergey apareció vestido con indumentaria de hockey sobre patines: shorts, una camiseta y patines. Obviamente, venía de jugar. Yo preví que no debía vestir con traje y corbata, pero Sergey llevaba la informalidad de la oficina a un nuevo nivel.
Sergey estudió mi currículum y comenzó a acribillarme con preguntas. «De las campañas que has hecho, ¿cuál crees que ha sido la más efectiva? ¿Qué parámetros utilizaste para medirla? ¿Qué tipo de marketing viral hiciste? ¿Cuánto crees que debería gastar en marketing una empresa de nuestro tamaño?»
En base a sus preguntas, era fácil deducir qué quería escuchar. «No creo que en esta etapa deba gastar mucho», le contesté. «Puede lograr bastante con marketing viral y pequeños presupuestos».
Asentó la cabeza en señal de aprobación y luego me preguntó sobre mis seis meses en Siberia, intercalando frases en ruso. Al final, se inclinó hacia delante para dar el tiro de gracia, lo que él mismo llamó: «la pregunta difícil».
«Voy a darte cinco minutos», me dijo. «Cuando vuelva, quiero que me expliques algo complicado que yo no sepa». Luego salió de la sala.
Miré a Cindy: «Tiene mucha curiosidad por todo», me dijo. «Puedes hablarle sobre un pasatiempo, algo técnico, lo que quieras. Sólo asegúrate de que sea algo que entiendas muy bien».
¿Qué cosa tan complicada conocía lo suficientemente bien como para describírsela a Sergey? Me decidí por la teoría general de marketing.
Para cuando Sergey regresó, ya tenía suficiente para hablar por 10 minutos y estaba seguro de que podría llenar todos los vacíos que se presentaran. Fui a la pizarra y empecé a dibujar círculos y cuadrados y un montón de flechas. Estaba nervioso, pero no tanto. Sergey me hizo preguntas que me obligaron a inventar cosas en el momento.
Él parecía estar prestando atención, y empecé a divertirme. ¡Estábamos teniendo una conexión especial! Claramente, él quería escuchar lo que tenía que decir y valoraba mis opiniones. Después me enteré de que Sergey hacía lo mismo con todos los entrevistados. Una hora desperdiciada con un candidato no calificado no era una pérdida total si Sergey aprendía algo nuevo.
Empezaba a atardecer cuando acabamos y Sergey me invitó a sumarme al personal para la cena que ya había empezado en una pequeña cocina al otro lado de la sala de conferencias.
Google ofrecía, al menos en apariencia, tecnología de punta relacionada con Internet, algunos genios excéntricos, financiamiento para al menos un año y una marca de consumo divertida que yo podía ayudar a desarrollar. Dos semanas después, el 29 de noviembre de 1999, empecé a trabajar como gerente de marca en línea de Google.
* * *
Convoqué una reunión para discutir mi plan de marketing.
«Lo primero que hay que considerar», empecé, «es que nuestra investigación interna muestra que nuestros rivales están acercándose al nivel de calidad de Google. En un mundo donde todos los motores de búsqueda son iguales, necesitaremos apoyarnos en la marca para hacer la diferencia». Hubo un gran silencio.
Mire alrededor nervioso. ¿Había dicho algo malo? Sí. No sólo malo, herético. El cofundador Larry Page dejó mi apostasía muy clara. «Si no podemos ser los primeros en calidad», dijo serenamente, no deberíamos ser los primeros y punto»……….
Fuente: WSJ



