Ryanair es una de las aerolíneas que siempre está en boca de todos. Para bien, porque crece cada año, tiene una flota de 294 aviones, un millar de rutas y un beneficio neto de 503 millones de euros tras registrar ventas de 4.325 millones en su último ejercicio.
Para mal, porque la competencia cree que la compañía no sería rentable sin los sistemas de incentivos y subvenciones que recibe de los aeropuertos y las regiones a donde vuela.
La consultora Air Scoop ha elaborado un documento en el que desgrana las claves del modelo de negocio de la low cost irlandesa y que ha servido de base a la Asociación Europea de Aerolíneas (AEA) para solicitar a la Comisión Europea (CE) que fije las reglas del juego y ponga fin a los subsidios en aeródromos secundarios.

El maná de las subvenciones
Ryanair apenas vuela a aeropuertos principales, sino que prefiere hacerlo a infraestructuras secundarias donde casi nadie opera. De esta manera, logra importantes subvenciones o incentivos, de hasta 10 euros por pasajero según el informe de Air Scoop, que avala la AEA.

 

Al año podrían suponer cientos de millones de euros, ya que Ryanair transporta a 72 millones de usuarios al año, pero no todos a este tipo de destinos. Bruselas ha iniciado una investigación por los convenios con 18 aeropuertos, pero Ryanair recuerda que “los descuentos obtenidos ya se han investigado por los tribunales europeos”, que resolvieron que “son totalmente legales”.
Simplicidad en el billete del ‘autobús de los cielos’
El hecho de realizar conexiones punto a punto le permite evitar la compleja estructura de costes del precio final de los billetes, como sí sucede con las aerolíneas tradicionales.

 

Por norma, el precio del pasaje no incluye servicios extra como la elección del asiento o un refrigerio. Esta operativa le ha valido el calificativo por parte de sus competidores de autobús de los cielos.
Maximizar los recargos a los pasajeros sin que se note
Ante la imposibilidad de conseguir más ingresos por pasajeros business –esta clase no existe para Ryanair–, carga a sus clientes con infinidad de tasas que uno podría creer que son básicas, como la recolocación en un vuelo del mismo día (75 euros extra) o imprimir la tarjeta de embarque en el mostrador de facturación (40 euros).

 

Ryanair atrapa al cliente con la carga de estas tarifas al final del proceso de compra. Con 886 millones de euros, este tipo de ingresos representan casi el 20% de la facturación.
Audacia con los aviones
Uno de los grandes aciertos de Ryanair fue la renovación de sus aviones. Tras empezar con una flota que mezclaba varios modelos, la low cost salió a bolsa en 1998 y levantó casi 2.000 millones de dólares.

 

Esta posición financiera, junto a sus previsiones de crecimiento, le permitió en 2002 acceder a Boeing y Airbus –muy debilitados por la caída del mercado tras el atentado del 11-S en Nueva York– en una posición ventajosa.
Según el informe, logró adquirir 100 Boeing 737-800 y una opción para asumir 50 aparatos más, con un descuento de casi el 37%. Además, Ryanair sólo abonó en efectivo el 15% de un pedido de 9.100 millones de dólares que se financió con un préstamo “ventajoso” del Banco de Importaciones y Exportaciones de América.
Impuestos en Irlanda y la plantilla, por ETT
A excepción de los empleados en Reino Unido, prácticamente todos los trabajadores de Ryanair tienen contratos irlandeses, un “dumping social”, en palabras de la patronal de aerolíneas, que le permite evitar el pago de cargas sociales en el resto de países, con impuestos más altos.

 

Además, Ryanair subcontrata la búsqueda de personal a cuatro agencias, de las que los empleados dependen durante tres años hasta pasar a formar parte de la compañía. Los tripulantes de cabina (TCP), en el periodo de pruebas, deben abonar hasta 500 euros en concepto de “cuota de aceptación”; además, cada mes se les descuenta el alquiler del uniforme y, en los primeros años, se les retiene 150 euros por los costes de formación.
Tanto los TCP como los pilotos solo cobran por horas de vuelo trabajadas, sin dietas compensatorias más allá de las comisiones por productos vendidos a bordo. Pero, ¿por qué jamás sufre huelgas? Según la AEA, Ryanair lleva los litigios hasta el último recurso y, al contratar por ETT, tiene facilidades para despedir. Además, todos los empleados deben abrirse una cuenta en el Banco de Irlanda.
Laberinto societario con destino a paraísos fiscales
La AEA critica la compleja estructura societaria de Ryanair que, considera, se oculta bajo Ryanair Ltd, la única filial que cuelga directamente de la matriz. Dos de las subsidiarias que dependen de esta filial, según el documento de Scoop Air, y que se dedican al alquiler y financiación de aviones están domiciliadas en la Isla de Man, considerada un paraíso fiscal.
 
Fuente: Expansion

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