Cuantas veces hemos oído las frases ¿porque tengo yo que hacer esto?; ¡qué lo haga Juan que por eso gana más!, o ¿qué lo haga otro, que a mi no me pagan para pensar!
En el entorno laboral, las personas acostumbramos a compararnos los unos con los otros. Y cuando uno percibe que, con el mismo esfuerzo, no recibe lo mismo que los demás, es cuando surgen las actitudes negativas.
El sentimiento de falta de equidad con uno produce que surjan actitudes reactivas, por eso, nuestra misión es la siguiente:

  • En el supuesto que esta falta de equidad exista realmente, podemos cambiar la recompensa o justificar los motivos de esa diferencia (quizá sean estructurales).
  • Si por el contrario no existe la falta de equidad, debemos ser claros y concretos en esclarecer los motivos que le han llevado a pensar así. Seguramente, a esa persona, le falta información sobre las diferencias entre uno y otro.
Si lo que queremos es fijar recompensas para motivar a nuestro equipo, tenemos que tener en cuenta 5 factores:
  • Plantear la recompensa como un objetivo y como un reto.
  • El objetivo debe estar establecido con precisión.
  • El objetivo debe estar consensuado por las dos partes.
  • La recompensa debe ser proporcional al rendimiento.
  • La recompensa debe ser percibida como equitativa con los demás.

 En conclusión, las personas se motivan para mantener recompensas equitativas en comparación con los demás.

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