Rodrigo Rato, el presidente de BFA-Bankia, se muestra reacio al proceso de fusión con La Caixa que impulsa el Gobierno y del que dio cuenta ayer El Confidencial, según fuentes cercanas a la entidad. Su condición de parte débil de la integración le relegaría a un papel secundario en la gestión del nuevo grupo, por mucho que mantenga buenas relaciones con el presidente de la caja catalana, Isidre Fainé.
Según las fuentes citadas, Rato está molesto con el Gobierno pordesatender sus insistentes emandas de crear un ‘banco malo’ público que adquiera los activos tóxicos de las entidades, del cual BFA-Bankia sería el mayor beneficiario. Como se recordará, ambos se reunieron tres días después de las elecciones generales y el nuevo presidente del Gobierno le dio esperanzas sobre esta medida. Sin embargo, la descartó posteriormente y la fórmula elegida, una rebaja radical del valor de los inmuebles con las provisiones correspondientes, deja a la fusión de Caja Madrid y Bancaja a los pies de los caballos.
El ex vicepresidente del Gobierno con Aznar sabe que una operación así, aunque le concediera la copresidencia, estaría dirigida por la caja catalana, con Juan María Nin como presumible consejero delegado. Se trata de una pérdida de poder muy difícil de aceptar por el lado de Bankia y con el añadido político de la cercanía de La Caixa a CiU, formación a la que no necesita un Gobierno del PP con mayoría absoluta.
De hecho, Rato insiste todavía en la posibilidad de creación de un banco malo; ayer mismo, la CECA -presidida paradójicamente por el propio Fainé- volvió a solicitar la adopción de este vehículo, que pide que se destine en exclusiva al suelo que han adquirido bancos y cajas. Se trata del activo más importante en sus balances y el que acumula mayores pérdidas; el plan del Gobierno pretende que se le aplique un descuento sobre el valor en libros del 80% en el caso de urbanizado y de casi el 100% en el rústico.
Algunas fuentes no descartan esta posibilidad si los resultados de las simulaciones de impacto de la ‘megaprovisión’ que está realizando estos días son demasiado catastróficas para las cuentas del sector financiero español. Asimismo, la fórmula definitiva de la reforma financiera depende de si el Gobierno puede utilizar el dinero del fondo de rescate europeo (EFSF) para reestructurar la banca, como solicitó el lunes el presidente del BCE,Mario Draghi, y en qué cuantía.
Los intereses de La Caixa en la fusión
Si finalmente estos esfuerzos resultan baldíos y el Ejecutivo sigue adelante con su plan actual -algo a lo que apoya la escasa simpatía de Rajoy hacia Rato después de que se posicionar a en su contra tras la derrota electoral de 2008-, BFA-Bankia se verá abocada a una fusión con uno de los tres grandes banca españoles. Y La Caixa es el mejor colocado porque es la única que tiene interés en absorberla; BBVA prefiere a CatalunyaBanc y Santander intenta mantenerse al margen de la segunda ola de fusiones. Tanto Bankia como La Caixa aseguraron ayer que no hay ninguna operación en marcha y que hay que esperar a que se concrete el plan del Gobierno.
La caja catalana tiene tanto interés por dos razones principales. La primera es la posibilidad de controlar la mayor entidad financiera en España por cuota de mercado con mucha diferencia. Y la segunda es que puede aprovechar la adquisición para acometer su propio saneamiento -recuerden que La Caixa también creó un banco malo privado el año pasado, CaixaHolding- y la imprescindible reducción de su red, la mayor de España con más de 5.000 oficinas.
Este saneamiento se logrará gracias al dinero del EPA (esquema de protección de activos) que solicitará La Caixa –La Vanguardia lo cifra entre 10.000 y 25.000 millones– y que se supone que saldrá del dinero de Bruselas, y a la posibilidad de cargarlo contra reservas y no contra la cuenta de resultados.
Grandes obstáculos políticos
Ahora bien, esta operación supondría otorgar a CiU -aunque La Caixa es de fundación privada, su afinidad con el partido nacionalista moderado es evidente- la primera entidad financiera de España, un premio excesivo para una formación a la que el PP no necesita para gobernar. Y en el Partido en el Gobierno hay mucha gente a la que no agradaría ver a Rato en el papel de segundón que en su día representaron Amusátegui o Corcóstegui.
A buen seguro que vamos a ver maniobras de gran calado para impedir la fusión. Al final, dependerá de si llega el dinero europeo y de si el Gobierno opta por soluciones más radicales o prolonga la postura de alargar el problema en el tiempo que ha mantenido el gobernador Fernández Ordóñezdesde el estallido de la crisis financiera en 2008.
Fuente:elconfidencial


