Todas las estimaciones están sujetas a un grado de incertidumbre muy elevado, al tratarse de fenómenos complejos (España recibe inmigración de unos 120 países, cada uno con sus correspondientes peculiaridades) que deben tratarse con una información limitada y que se modelizan tomando como referencia un período reciente cuya proyección hacia el futuro presenta muchas incógnitas.
Parece indiscutible es que los flujos de migración internacional se van a seguir produciendo en los próximos años. Según las Naciones Unidas7, el porcentaje de migrantes internacionales dentro de la población mundial se ha mantenido notoriamente estable, alrededor de 3% en los últimos 50 años.
Y no existen motivos para pensar que en los próximos años estas tendencias se van a alterar, a no ser que se produzca un cambio sustancial en la economía o la política mundial. La combinación de tendencias demográficas dispares entre los países desarrollados y en desarrollo (envejecimiento y estancamiento de la población en los primeros; crecimiento de la población y mayor proporción de jóvenes en los segundos) con mayores oportunidades de empleo, y con unas comunicaciones y transporte más baratos han incrementado el atractivo de la emigración.
Es cierto que los países de acogida tienden a restringir estos desplazamientos, pero su relativamente elevado nivel de vida y de bienestar los convierte en muy atrayentes para la población de países en desarrollo que desea mejorar su situación personal. Según el citado informe de las Naciones Unidas, más de tres cuartas partes de los migrantes internacionales se dirigen a un país con un nivel de desarrollo humano superior al de su lugar de origen, lo hacen por voluntad propia y el fi n que pretenden es mejorar su nivel de vida.
La mayor restricción, además de las políticas que obstaculizan su entrada, es el coste del desplazamiento. Por este motivo, los habitantes de los países más pobres son los que menos emigran. Así, en un país con desarrollo humano bajo, la tasa media de emigración es inferior al 4%, en comparación con el 8% en los países con un nivel de desarrollo más alto.
En definitiva, y de acuerdo con la experiencia de las últimas décadas, los flujos migratorios de los próximos años seguirán siendo intensos, seguirán teniendo un móvil principalmente económico y se orientarán hacia los países de acogida que presenten una mayor expansión económica y por tanto unas mayores oportunidades de empleo.
Los diferenciales de crecimiento entre países pueden provocar también movimientos de recolocación de migrantes ya establecidos en un país con bajo crecimiento hacia el país de origen o hacia otro país de acogida más expansivo, si bien en este caso las incertidumbres son considerables.



