Segunda parte del artículo respecto a la evolución hacia la sociedad del conocimiento.
“Ganarán”, si se me permite la expresión, aquellas organizaciones que tengan mejor información del entorno (básicamente, aquellas que sepan detectar mejor qué pide el mercado –o sea, que respondan a las necesidades del market pull– y qué nuevas posibilidades ofrecen las tecnologías para el desarrollo de nuevos productos y procesos –o sea, que respondan a las posibilidades del technology push–).
Aquellas que, además, sepan desarrollar métodos, procesos y formas culturales, que permitan combinar esa entrada de información desde el entorno con la información generada en el interior, con el fin último de generar conocimiento diferencial, propio de la organización, el activo distinguidor respecto a los competidores. Aquellas organizaciones que, finalmente, sepan proyectar información sobre sus actividades hacia el entorno, ya sea a través de sus productos (el principal contenedor de información de la empresa, al fin y al cabo) o de su imagen de marca (el posicionamiento en la mente de los consumidores es, para muchas empresas, el principal activo de futuro).
La extensión lógica de lo anterior es que “ganarán” aquellas sociedades que dispongan de empresas capaces de explotar el recurso información de la forma indicada. Y aquí es dondelas cosas empiezan a complicarse.
Porque, como se verá más adelante, para que las empresassean entes informacionales, precisan personas con una pronunciada cultura de la información. Esas personas informacionalizadas que sepan responder al reto del aprendizaje constante que brindan las posibilidades de la tecnología. Y no todos los países disponen de una ciudadanía informacionalmente culta de la que puedan nutrirse esas empresas de nuevo cuño.
De hecho, por ejemplo, según un reciente estudio del Bureau of Labor Statistics norteamericano, el 37% de los nuevos empleos creados en los Estados Unidos en 1998 lo fueron en el sector información, en sentido amplio, es decir en telecomunicaciones, educación, informática consultoría y servicios financieros. La cifra es relevante, porque la correspondiente cifra en 1995 era de sólo el 15%3.
En un estudio anterior4, se decía que el crecimiento promedio anual de empleos en sectores del alta preparación fue en los Estados Unidos del 2,6% en el período 1980-96, mientras que en Europa la cifra correspondiente fue del 2,2%. O sea, el crecimiento del empleo en los Estados Unidos y en Europa, para personas con capacitación, fue prácticamente el mismo. El mismo estudio indicaba que la principal diferencia en cuanto a ocupación en las dos zonas había que buscarla en los empleos que exigían menor capacitación, para personas con menor educación. En este caso resultaba que mientras la cantidad de empleos en los Estados Unidos había crecido un 1% anual, en Europa había disminuido un 0,5%. Y como es en este segmento donde más empleos hay, esto explicaría los problemas de ocupación del viejo continente: no creamos suficientes trabajos para las personas menos preparadas.
Para abundar sobre el tema, según el estudio anual sobre las tecnologías de la información en Europa5, en 1998 había en el continente unos 367.000 puestos de trabajo en el sector de las tecnologías de la información que no habían sido cubiertos. En otras palabras, 1 de cada 6 trabajos en el sector información no encuentra quién lo ocupe, clara demostración de que hay un déficit de personal preparado en estas áreas tecnológicas6.
Estamos, pues, en una situación de bonanza de empleo para los más preparados, para los informacionalmente cultos, pero en una situación más bien oscura para quiénes no han sido preparados para aprender durante toda la vida. No somos muy conscientes de las tensiones de orden social que esta “exclusión digital»7, entre los hábiles y los ineptos informacionales, creará en el futuro. Es por ello que los gobiernos deberán responder creando mecanismos para asegurar la transición de una sociedad en la que se aprende de por vida a una donde se aprende toda la vida.
Estas acciones afectan a muchas actividades, empezando por la educación, pasando por la cultura, y terminando en nuevos tipos de infraestructura, concretamente la infoestructura, que será comentada más adelante.
Vamos, pues, todo lo parece indicar, hacia una sociedad informacional, hacia una sociedad en la que clave es tener más y mejor conocimiento, tanto a nivel personal, organizacional como social. Pero el camino no será fácil, y algunos perderán irremisiblemente.


