El conocimiento ha sido siempre importante: ¿somos o no homo sapiens, al fin y al cabo? Entonces,¿por qué ahora esta obsesión, esta moda, esta fascinación por la “sociedad del conocimiento”?
Es como si, de repente, nos diéramos cuenta de que pensamos, de que manejamos símbolos,de que utilizamos información para tomar decisiones, de que necesitamos aprender para poder funcionar. Como bien señalan Davenport y Prusak (1998), aunque es cierto que las organizaciones siempre han tenido, han utilizado y han explotado conocimientos para llevar a cabo sus objetivos, parece que de pronto se han dado cuenta de que es preciso definir e instrumentalizar maneras de gestionar ese activo intangible.

Les ocurre pues, recuerdan, como al “burgués gentilhombre” de Molière, que de pronto descubre maravillado que ha estado hablando toda la vida en prosa sin saberlo.
La información siempre ha sido un activo importante. Lo fue cuando el barón Rothschild se
enteró, antes que nadie en Londres, del resultado de la batalla de Waterloo y pudo hacer una fortuna al dar órdenes de venta de sus Bonos de Guerra del Gobierno Británico, estimulando así la venta por parte de todos los agentes que sabían que era una persona bien informada, para posteriormente ordenar a otros intermediarios que compraran todos los bonos que pudieran (Sammon, 1984)2. Lo fue cuando se produjo el desastre del Challenger por una falta de entendimiento entre el equipo de técnicos de la empresa contratista de los anillos de sellado de los cohetes complementarios y el equipo de dirección del proyecto (Tufte, 1997). Lo ha sido para el equipo que ha desarrollado la fórmula de la Viagra.
Entonces, ¿qué hay de distinto en la situación actual? Castells (1996) señala, en este sentido, la diferencia sustancial entre “sociedad de la información” y “sociedad informacional” (p. 21). Para él, el término “sociedad de la información” indica que la información tiene un rol importante en la sociedad; y, puesto que la información, en el sentido más genérico de “comunicación de conocimiento”, ha sido importante en todas las sociedades, “incluso en la Europa medieval”, siempre hemos estado en una “sociedad de la información”. La diferencia en esta “sociedad informacional” emergente es que entramos ahora en una “forma específica de organización social en la que la generación, el proceso y la transmisión de información, se convierten en las principales fuentes de productividad y poder”. La explotación inteligente de la información, su conversión en conocimiento, la generación de mecanismos de aplicación de ese conocimiento en el desarrollo de nuevos productos y procesos, incluso de nuevas formas de organización social, es, pues, el recurso fundamental, el que explica las diferencias comparativas entre empresas y entre sociedades. En una sociedad industrial, la obsesión de las organizaciones se concentra en la optimización del output, vía la acumulación de capital, para la maximización del beneficio. En una sociedad informacional, los esfuerzos de dirigen a optimizar el desarrollo tecnológico, de manera que se acumule conocimiento que pueda generar diferencias comparativas, que son las que finalmente producen la maximización del beneficio.
Durante las últimas décadas, la mayoría de países occidentales han visto como el sector industrial,responsable en gran medida de la riqueza que han acumulado desde el siglo XIX, ha ido perdiendo peso en el Producto Interior Bruto (PIB) en comparación con el sector servicios. Y ahora, en este fin de siglo, asistimos a la progresiva transformación de la sociedad industrial de los países desarrollados en una sociedad informacional. Tres son los hechos que demuestran que estamos entrando en una sociedad informacional (Moore, 1997):
– Las organizaciones dependen cada vez más del uso inteligente de la información y de las tecnologías de la información para ser competitivas, y se van convirtiendo, pues, en organizaciones intensivas en información.

– Los ciudadanos se informacionalizan, puesto que utilizan las tecnologías de la información en muchos actos de su vida diaria, y consumen grandes cantidades de información, en el ocio y en el negocio. Así, los ciudadanos deben desarrollar (o potenciar, si ya las tienen) habilidades para el mejor manejo de las tecnologías de la información, para no quedar apartados del mercado laboral, así como capacidades de análisis crítico para no ser manipulados  informativamente.
– Está emergiendo un sector de la información, hoy disimulado dentro de la diversidad del
sector servicios, pero con un entidad suficiente para convertirse en uno (quizás el mayor) de los grandes hipersectores de la economía (junto con el sector primario, el manufacturero,construcción y servicios). El sector de la información puede considerarse constituido por tres grandes segmentos: el de contenidos, o de creación de información (creación de propiedad intelectual); el de distribución de información (centros de acceso, y canales de distribución, como los operadores de telecomunicaciones); y, finalmente, el de proceso de información (la industria informática).
El primer punto, el de la transformación de las organizaciones en informacionalmente  intensivas, es quizás el detonante más claro del cambio hacia una sociedad informacional. Los análisis de las organizaciones más avanzadas en el mundo parece indicar que lo que hace hoy, y hará aún más en el futuro próximo, que una organización tenga éxito, al menos más éxito que sus competidores, es la gestión inteligente de la información y el conocimiento.

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