La república democrática de Timor-Leste es el Estado más joven del mundo (y el número 191), reconocido como tal por el conjunto de la comunidad internacional; se proclamó Estado el 20 de mayo de 2002 después de una historia herida y que dejará una huella muy profunda en las mentalidades así como en los comportamientos políticos.
Después de seis años de existencia caótica, el país parece haber renacido. Varios factores son los causantes de esta situación de motines y crisis, que desembocaron, en enero de 2008, en un doble intento de atentado sobre el presidente, José Ramos Horta, y el primer ministro, Xanana Gus – mao.
En primer lugar, las frustraciones suscitadas por la incapacidad de la población de controlar su propio destino y su desarrollo, como si no pudiera salir de los esquemas de sumisión impuestos por varios siglos de colonización portuguesa, seguidos por más de 25 años de ocupación indonesia.
Esta incapacidad está relacionada, en parte, con la ausencia de mandos cualificados y por la dificultad de formar una burocracia eficaz. A la falta funcional de mandos competentes se ha añadido otra crisis, ésta de tipo político: Se ha observado una competencia entre los dirigentes, entre los que pertenecen a un movimiento de la resistencia (principalmente al Fretilin, partido de inspiración marxista que había organizado el combate contra Yakarta) y los que estaban en el exilio.
Así pues, el ex primer ministro Mari Alkatiti (2002-2006), secretario general del Fretilin, vio cómo iba perdiendo su apoyo político en el transcurso de los años y tuvo que presentar su dimisión y dejar su puesto en mayo de 2006. José Ramos Horta ocupó su lugar con la intención de marcar un cambio y renovar los juegos y referencias políticos. Las elecciones presidenciales y legislativas en primavera de 2007 confirmaron la lenta caída del Fretilin, el cual, aún al frente, sufrió una pérdida del 30% de los votos en relación con las elecciones parlamentarias de 2001.
Las frustraciones y rencores acumulados después de que el movimiento fuera apartado del proceso de decisión (sobre la base de una coalición reformista entre diferentes partidos decidida por Ramos Horta y Gusmao al día siguiente de las elecciones) no son, sin duda, ajenos al ajuste de cuentas de enero de 2008.
Una explicación complementaria: la revuelta militar de la par te occidental del territorio provocó, en primavera de 2006, graves disturbios para la seguridad del frágil Estado El origen de la crisis de 2006 se encuentra en el despido de casi 600 miembros del ejército nacional (F-FDTL), veteranos de la guerrilla independentista del oeste del país, que habían dejado su cuartel porque se sentían discriminados respecto a los del extremo este, que proveen al ejército del contingente más fuerte y, principalmente, de los mandos. El conflicto militar se extendió a la sociedad civil, provocando tensiones entre la población del oeste y del este: los disturbios, a causa de estas tensiones este/oeste, provocaron la muerte de 37 personas, el desplazamiento forzoso de 150.000 y la presencia de una fuerza multinacional.
A principios de 2007, un grupo de militares y de policías contestatarios se escondía en las montañas bajo el mando del mayor Alfredo Reinado, fallecido precisamente durante los hechos del 11 de febrero de 2008. Unos hechos que no deberían contribuir a mantener una economía que funciona lentamente, en el mejor de los casos, y bajo perfusión internacional: Timor-Leste consigue ser el país más pobre de Asia y permanece en una pobreza crónica.
Posee, sin embargo, recursos naturales, principalmente hidrocarburos, que no se explotan bien a causa de una serie de litigios con Australia.



