De manera natural, llegamos a la tesis principal de este capítulo: que la consecución de una economía de la información no garantiza que se desarrolle una sociedad de la información. Un país puede disponer de una potente economía de la información sin que llegue quizás a constituirse en una sociedad de la información. De hecho, se trata, en nuestra opinión, de conceptos que indican un diferente nivel de desarrollo informacional.
Por economía de la información entendemos una en la que se ha desarrollado un sector información que contribuye de forma relevante a su crecimiento. Una, pues, en la que existe una industria potente en contenidos, acceso y procesamiento de información. Y por sociedad de la información entendemos una sociedad en la que la información se usa intensivamente en la vida social, cultural, económica y política.
Un país puede desarrollar un potente sector de la información sin que se informacionalice la sociedad, es decir, sin que se desarrolle una cultura de la información. Y al revés, una sociedad puede estar constituida por ciudadanos y organizaciones informacionalmente cultas, sin que ello conlleve automáticamente el surgimiento de una economía de la información.
Sin explicarlo adecuadamente, se ha introducido en el argumento anterior el concepto de cultura de la información. Y es que éste es justamente el factor que permite a una economía de la información desarrollarse hacia una sociedad de la información. En otras palabras, se podría proponer tentativamente la ecuación E ¥ C = S, o, más literalmente,
Economía de la información ¥ Cultura de la información =
= Sociedad de la información
Un país puede disponer de una potente economía de la información (por ejemplo, una industria informática o de telecomunicaciones muy avanzada, que además exporte mucho), mientras que simultáneamente sea muy pobre en cuanto a cultura de la información.
Si, por ejemplo, su estructura social es muy jerarquizada, puede que no haya una cultura extendida de uso de la información (la información la tiene el del nivel más alto, no hay transparencia informacional en las organizaciones, etc.). O puede que en el sistema educativo se prime la captación de unos conocimientos concentrados en un libro de texto, no se promocione la utilización de las bibliotecas en las escuelas, o no se estimule, o incluso se menosprecie, la capacidad creativa en beneficio de la obediencia y la docilidad.
En este caso, el factor E (economía de la información) puede tener un valor importante, mientras que C (cultura de la información) lo tiene bajo: la cultura de la información actuaría aquí como un factor de atenuación de la economía de la información en su camino hacia la sociedad de la información



