Como ya he comentado anteriormente, la mayor parte de la gente de la calle considera la bolsa un coto cerrado para unos pocos, y una especia de casino, dónde se “juega” con el dinero, la expresión es jugar en bolsa, no invertir. El motivo es principalmente porque la gente entra en bola a destiempo, y salen trasquilados. Bien por propia iniciativa por el ruido del ambientes, las portadas de los periódicos, etc o bien por las recomendaciones de sus gestores, que les sugieren aprovecharse de la buena evolución de la bolsa. Por conocer el sector, debo decir que en muchos casos estas recomendaciones son con buena voluntad, porque los gestores no tienen ningún conocimiento de los mercados de renta variable / fija, y por tanto recomiendan de oídas, y a ellos particularmente seguramente les interesaría más colocar fondos o planes de pensiones que renta variable (sus objetivos se enfocan más a ello)

Por ello, hay algunas teorías que recomiendan hacer lo contrario a lo sugerido por el mercado, lo que se conoce como Contrarian Investment, y uno de sus exponentes es Hugo Ferrer en España (posteriormente os hablaré de su libro, que precisamente se titula así). En la misma línea, J.Cárpatos en la gran obra “leones contra gacelas” nos habla del interés de los leones en comerse a las gacelas, y cuando en los medios de comunicación generalistas ya se habla de grandes ganancias en la bolsa es un buen termómetro de cuando hay que salir o iniciar posiciones cortas.
 En este sentido, en muchos ámbitos se equipara al inversor en bolsa con el jugador de póker (ahí si veo similitudes, porque no e salgo aleatorio), o el que va al bingo o a las apuestas de todo tipo. Se  considera que las ganancias en bolsa son aleatorias, y que no dependen de una base financiera, y si bien es verdad que a corto plazo puede ser así, que los movimiento no se sustentan en una base económica, a medio plazo no estoy de acuerdo. Supongo que a todos nos ha pasado al comentar que invertimos en bolsa que la gente pone cara de pavor, o como de que estuviéramos locos, la primera frase siempre es, en la bolsa se puede perder todo.
Por ello, tomar este camino implica ir contracorriente en nuestra sociedad, anteriormente seguir la senda era invertir en pisos, si era sobre plano mejor, porque implicaba menos papeleo. Esa cultura de la posesión física nos aleja en gran medida de países con una mayor cultura financiera. Como anécdota, una empleada de banca con amplios estudios financieros me sugerió hace años invertir en dólares, lo cual era buena idea, pero su operativa fue comprar billetes y guardarlos en casa…si alguien con formación financiera opera de ese modo, podemos imaginar lo que puede pasar con cualquier otra persona que no tiene porque tener esa formación (recordemos las famosas hipotecas en yenes).
Por tanto, a la ya sabida entereza psicológica que debemos tener ante grandes subidas en nuestras carteras (para no monetizar), o antes grandes bajadas, unimos esa lucha gota a gota contra la cultura social de que somos irresponsables al invertir una parte relevante de nuestros ahorros en los mercados de renta variable.
 
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