El estudio Literacy skills for the knowledge society, elaborado por la OCDE (1998) a partir de los datos del International adult literacy survey, una encuesta sobre las habilidades informacionales de los ciudadanos de 7 países de la OCDE (España no está entre ellos), aporta información muy interesante a la hora de entender por qué la diferencia entre los países va más allá de sus inversiones en tecnologías.
Por literacy skills, que aquí traduciremos por habilidades informacionales (o también cultura informacional o alfabetismo funcional), se entiende “la habilidad de entender y emplear información impresa en las actividades diarias, en el hogar, en el trabajo y en los actos sociales, con la finalidad de cumplir los objetivos de uno, y de desarrollar el conocimiento y el potencial de uno mismo”
.
No presentaremos aquí los detalles de la encuesta; baste decir que los encuestados tenían que pasar unas pruebas de “desempeño informacional” (literacy performance), o sea, tenían que encontrar, discernir o interpretar información en un material que se les presentaba, como, por ejemplo, el folleto de un medicamento, un mapa de una ciudad, un gráfico con datos económicos, etc.
Se definieron tres tipos de “desempeño»: comprensión de prosa (entender un texto: prose literacy), comprensión de documento (encontrar información en un documento: document literacy) y comprensión cuantitativa (aplicaciones básicas de matemáticas: quantitative literacy). En cada una de estas categorías se definieron 5 niveles de desempeño. Así, para cada encuestado era posible determinar en qué nivel estaba en los tres tipos definidos de desempeño informacional.
El estudio está repleto de datos interesantes, y permite hacerse una idea de las diferencias
entre países, en cuanto a cultura informacional, y avanza algunas razones de esas diferencias. Quizás la conclusión más importante es que entre el 25 y el 50% de la población de los países de la encuesta no llega al umbral de cultura informacional (literacy skills) que se considera el mínimo necesario para poder responder a las exigencias de la sociedad moderna. El país con el mejor nivel promedio, en los tres tipos de desempeño, es Suecia.
El estudio también revela que, como era de esperar, hay una relación directa entre los años de escolarización (educational attaintment) y el desempeño informacional (literacy performance). O sea, a más “educación”, más “cultura” informacional. Hay, sin embargo, diferencias notables entre los distintos países considerados en el estudio: ciudadanos de distintos países con el mismo nivel educativo presentan distintos niveles de desempeño informacional en la encuesta.
Y uno de los gráficos muestra algo muy interesante (y, en cierta manera, ya conocido): que los niveles promedio de desempeño conseguidos por las personas más “educadas” de los distintos países no son muy diferentes entre sí, mientras que sí que lo son los niveles promedio de las personas con menos años de educación. O sea, la principal diferencia, en cuanto a cultura informacional, entre los países radica en la diferencia de desempeño informacional de los ciudadanos con menor escolarización.
Hay países, como Suecia, cuyas clases menos escolarizadas presentan niveles de desempeño informacional muy próximos a los que consiguen las clases con más años de educación de otros países, como Polonia. En la existencia de una base de ciudadanos bien educados puede residir la clave del éxito de un país en esta era de la información. Por ello, el desarrollo de políticas para la formación de esta masa de ciudadanos es fundamental.
La relación directa entre años de escolarización y desempeño informacional no impide que ciudadanos con pocos años de escolarización consigan en algunos países altos niveles de desempeño informacional. Es el caso de países como Suecia, Alemania o los Países Bajos. Lo cual puede ser indicativo de la importancia que tienen los esquemas de formación continuada para adultos en estos países. O sea, la educación conduce a mayor cultura informacional, pero no es ésta la única ruta posible.
Los jóvenes muestran, en promedio y en todos los países, mayores niveles de desempeño
informacional que sus mayores, lo cual resulta lógico puesto que han experimentado un mayor número de años de escolarización. Pero la escuela no lo es todo.
La influencia de los padres en el desarrollo del desempeño informacional de los hijos también resulta clara en la encuesta. Padres con más cultura tienen hijos con más cultura. Jóvenes con el mismo nivel educativo presentan distintos niveles de desempeño informacional según cual sea la base cultural (y, ligado a ello, el nivel socioeconómico), de los padres.



