La tasa de desempleo de los extranjeros, alrededor del 30%, apunta a que se mantendrá en niveles elevados en los próximos años. El diferencial con respecto a los trabajadores nacionales, que había sido de 2-5 puntos porcentuales en el periodo de fuertes entradas de inmigrantes, ha llegado a alcanzar los 13 puntos porcentuales, y sigue siendo el más amplio de la UE después de Estonia.
El ensanchamiento del diferencial de tasas de paro entre extranjeros y nacionales corre el peligro de convertirse en crónico si no se adoptan acciones encaminadas a reequilibrar las desventajas que afrontan los colectivos de inmigrantes y a evitar la formación de bolsas de desempleo-pobreza-marginación.

En particular, es preciso rediseñar las políticas activas de empleo situando al colectivo inmigrante como uno de sus objetivos principales, con el fi n de mejorar su capacidad de incorporación y mantenimiento en un puesto de trabajo, mejorar la formación, cualificación e inserción profesional y fomentar la creación de empresas y el espíritu emprendedor.
Un énfasis especial deberá ponerse en los colectivos más desfavorecidos, ya que existen diferencias notables del impacto del ajuste laboral entre los diferentes grupos de inmigrantes, dependiendo del género o del país de origen.
Las perspectivas futuras de la inmigración en España están muy condicionadas por la evolución de la economía. En la medida en que los flujos de migración internacional se van a seguir produciendo en los próximos años, la elección de España dependerá a corto y medio plazo en buena medida de la coyuntura relativa del país.

A medio o largo plazo las perspectivas de muy bajo crecimiento demográfico en ausencia de inmigración apuntan a que en una nueva fase expansiva del ciclo económico la mano de obra
de inmigrantes puede recobrar protagonismo.

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