¿Qué está pasando? Una caída sin precedentes que no ha tocado fondo
El sector de la vivienda de Estados Unidos está experimentando la corrección más profunda  e los últimos 60 años. Los precios de los inmuebles acumulaban en septiembre de 2011 un descenso del 32,5% desde abril de 2006, y no parece que hayan tocado fondo. La bajada es extraordinaria. Salvo excepciones muy poco significativas, el pre-cio nominal de los inmuebles a escala nacional no había descendido en términos interanuales desde 1966, que es cuando empiezan las series de precios de la vivienda más antiguas.
Al igual que los precios, la venta de inmuebles, después de haber alcanzado máximos históricos en 2005, también sigue anclada en el fondo. Los indicios de recuperación en el corto plazo son prácticamente inexistentes. En los últimos dos años las alarmas de la recuperación sonaron alguna vez, pero todas ellas fueron brotes verdes fallidos.

En el ámbito geográfico, los últimos años se han caracterizado por una gran dispersión de la evolución de los precios entre diferentes zonas. Así, importantes centros de actividad como Detroit, Las Vegas, Atlanta, Cleveland o Chicago han visto como el valor de sus inmuebles perdía comba con la media nacional desde 2000, y la brecha sigue ensanchándose en la mayoría de los casos. Ello hace pensar que, aun cuando se diera una recuperación de la vivienda en el conjunto del país, esta podría dejar atrás bolsas de estancamiento en dichas áreas.
Por el lado de la oferta, la evolución es más bajista, si cabe. La actividad de la construcción está estancada en niveles mínimos, alrededor de un tercio de lo que había sido el promedio de los años anteriores a la burbuja inmobiliaria. La parálisis también se traslada al mercado de trabajo. La recuperación de este y la disminución de la tasa de paro se ven lastradas por ello, dado que los empleos perdidos en la construcción son más difíciles de recolocar.

El sector de la construcción lleva perdidos 2,2 millones de empleos desde enero de 2007, lo que equivale a la cuarta parte de los 8,75 millones que el conjunto de la economía perdió durante la gran recesión. Además, si la recuperación del empleo total es anémica, con solo 1,7 millones de empleos netos creados desde inicios de 2010, en el sector de la construcción es inexistente.
Los mecanismos de transmisión de la crisis del sector de la vivienda al conjunto de la economía no sólo se circunscriben al mercado laboral. La magnitud de la riqueza inmobiliaria es la otra gran correa de distribución. La riqueza inmobiliaria bruta de los hogares pasó entre el primer trimestre de 2006 y el segundo de 2011 del 188,0% del producto interior bruto (PIB) al 121,0%.
Así, la caída del precio de la vivienda provocó en ese periodo una pérdida de riqueza equivalente a 67 puntos porcentuales del PIB. Esta importante pérdida de riqueza debilita el consumo privado a través del efecto riqueza y de las dificultades que acarrea para refinanciar préstamos hipotecarios a los tipos de interés históricamente bajos.
La pregunta del millón es obvia: ¿qué pasará con el precio de la vivienda? O, lo que viene a ser lo mis-mo, ¿para cuándo la recuperación? ¿Se ha tocado o no? Y, si no se ha tocado fondo, habremos de preguntarnos ¿cuánto recorrido a la baja le queda en Estados Unidos al precio de la vivienda?

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