La revisión al alza de los datos del PIB del primer trimestre, que dejó el avance en un 1,2% intertrimestral, un 2,7% interanual, aumenta las dudas sobre la continuidad de la expansión para el resto del año. La economía fundamenta su crecimiento en la acumulación de existencias, de naturaleza fluctuante, y, especialmente, en un consumo privado alentado por unas políticas expansivas que no tendrán continuidad, con un Gobierno que baraja incrementar el impuesto sobre el consumo. Sin embargo, los dos pilares tradicionales del crecimiento nipón se muestran débiles. La inversión en equipo recula y su indicador adelantado de abril, los pedidos de maquinaria, sigue mostrando retrocesos. Por su parte, las exportaciones de mayo siguieron sumidas en la atonía.
El consumo privado compensa los cuellos de botella de la industria. El saldo comercial de mayo volvió a ser deficitario, por quinceavo mes consecutivo, a causa de las carencias energéticas derivadas del parón nuclear y los cuellos de botella en los procesos productivos que hacen mella en la competitividad de las exportaciones. En este sentido, la producción industrial, que en Japón tiene una influencia sobre el PIB mayor que en otras economías avanzadas, retrocedió en abril. La recuperación de la segunda mitad del año pasado se ha diluido, con un crecimiento acumulado de un magro 0,4% en los cuatro primeros meses de 2012, que deja el índice un 3,1% por debajo del nivel previo a la catástrofe de marzo de 2011.
El petróleo, que propició subidas de precios a principios de año, puede ayudar a un retorno de la deflación. Sin embargo, las ventas minoristas de abril y las matriculaciones de automóviles de mayo apuntan a una momentánea continuidad de la pujanza del consumo. Asimismo, el índice de confianza de los consumidores subió en mayo hasta el nivel de los 40,7 puntos, cerca ya de los niveles de febrero de 2011. Esta fuerza del consumo privado no logra disipar, empero, la sombra de la deflación. El IPC de abril subió un 0,5% interanual gracias a los efectos de un petróleo caro que más recientemente ha cambiado de rumbo y cuyos efectos a la baja se verán en los próximos meses. Así, el IPC subyacente, el general sin energía ni alimentos, siguió estancado, acumulando un descenso del 0,3% interanual mientras que los precios de Tokio, que volvieron a descender en mayo, también auguran una vuelta a la dinámica deflacionista.