Aunque los indicadores coyunturales ya venían augurando una ralentización de la economía brasileña, los datos de crecimiento del primer trimestre decepcionaron a propios y extraños. El PIB creció un mero 0,2% respecto al trimestre anterior, lo que, en cifra interanual, representa un exiguo avance del 0,8%. Si, además, tenemos en cuenta que en el cuarto trimestre de 2011 el crecimiento intertrimestral ya fue también de un 0,2% y en el tercero de un 0,3%, es evidente que la primera potencia en América Latina ha varado en una senda de crecimiento pírrico sin que se divise señal alguna, por ahora, del tan ansiado rebote. 

Por componentes, y en cifra interanual, destacan la debacle de la inversión, con un retroceso del 2,0%, y el repunte del gasto público, que crece un 3,2%. En cuanto al consumo, remontó levemente respecto al trimestre anterior, aupado por el buen tono del crédito y del empleo. La exportación también mejoró su registro respecto al cuarto trimestre de 2011, pero no lo suficiente para compensar el avance de la importación (véase el gráfico siguiente). En conjunto, pues, se palpa tanto un marcado debilitamiento del gasto interno privado como una creciente atonía de las exportaciones netas, en línea con el menor apetito global por las materias primas.

 

 Brasil se suma, de este modo, al deterioro generalizado de las perspectivas económicas globales y los últimos datos de actividad no hacen sino aumentar las dudas en torno al devenir inmediato del giganteamazónico. Aunque la confianza de los consumidores brasileños y el empleo mantienen el tono, la producción industrial sigue en terreno negativo y el índice que elabora el Banco Central de Brasil a modo de
aproximación del PIB registró un aumento mínimo del 0,22% respecto al mes anterior, lo que en cifra  interanual representa un retroceso del 0,02% y su peor anotación desde finales de 2009. Es cierto que dicho indicador no es exacto y acostumbra a diferir del dato definitivo de crecimiento del PIB pero, aun así, es indicativo de riesgos significativos a la baja en relación con el crecimiento del segundo trimestre
Ello, junto con el decepcionante dato de crecimiento del primer trimestre y a la expectativa de que la moderación del crecimiento económico global se prolongará unos meses más, nos lleva a revisar a la baja nuestras previsiones de crecimiento de la economía brasileña tanto en 2012 como en 2013. Aunque seguimos contemplando una reactivación de la actividad económica de cara a la segunda mitad del ejercicio, para cuando esperamos que los estímulos desplegados desde hace ya casi un año empiecen a surtir efecto, reducimos nuestra previsión de avance del 2,5% al 1,6% este año y del 4,1% al 3,8% en 2013.
  Ante dicha evidencia, la reacción de las autoridades brasileñas tampoco se ha hecho esperar, anunciando rápidamente nuevas medidas para espolear su economía. Dichas medidas incluyen mayores facilidades de crédito, barreras a las importaciones y una nueva línea de crédito a disposición de los estados por valor de 20.000 millones de reales (unos 7.700 millones de euros) para que los inviertan en proyectos viales, de transporte o de infraestructura en general. La moderación de la inflación también facilitará los estímulos en el ámbito de la política monetaria (esperamos una nueva rebaja de tipos en julio) aunque la persistente debilidad del real, perjudicado por el repunte de la aversión global al riesgo, frenará la corrección de los precios, manteniendo su avance a en torno al 5% en 2012.

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