¿Es razonable esperar que las exportaciones crezcan casi al 7% anual? Tal y como argumentaremos a continuación, sí lo es: la experiencia histórica, el probado saber hacer de la empresa exportadora española, la recuperación de la competitividad y el potencial de mercado aún por explotar lo avalan. Para empezar, volvamos de nuevo la vista atrás: ya hemos dicho que, antes de la crisis, el volumen exportado crecía casi al 6% anual.
Aunque, de entrada, dicha cifra puede parecer poco espectacular, debe considerarse un éxito teniendo en cuenta que se consiguió en un contexto doblemente adverso: por un lado, se perdía competitividad en costes -entre un 10% y un 14% en función del indicador que se escoja (véase recuadro «Ganancias de competitividad para relanzar el motor exterior» en la página 33)- y, por otro, coincidió con la entrada de los grandes emergentes en el comercio mundial -China pasó de exportar el 3% del total global en 1999 al 8% en 2008-. A pesar de afrontar ese doble reto, la exportación española consiguió mantener prácticamente estable su cuota de exportación mundial, tanto en bienes (en torno al 1,7%) como en servicios (en torno al 3,5%).

  Ese logro se consiguió, por un lado, gracias al posicionamiento de la exportación española de mercancías en sectores de tecnología media-alta, en los cuales la competencia no se dirime tanto en precios como vía marca o calidad. Por otro, la empresa exportadora española consiguió mantener un nivel de competitividad superior a la media del país -la pérdida de competitividad medida en términos de precios de exportación fue de un 5%, casi un tercio de su equivalente en términos de costes laborales unitarios- y un nivel de productividad similar al de sus competidoras extranjeras (véase recuadro «Exportación fuerte, competitividad débil: ¿una extraña pareja?» del mes de junio de 2011).
  Ese fondo de fortaleza avala la capacidad de nuestro sector exportador para liderar la recuperación. Más si cabe cuando los avances en el terreno de la competitividad están siendo sustanciales (véase recuadro de la página 33), y cuando la debilidad del tipo de cambio del euro -en relación con el periodo precrisis o incluso 2011- también contribuirá a mejorar los términos de intercambio fuera de la eurozona.
  Esa mejora resulta especialmente bienvenida dado que el mayor potencial de mercado de la exportación española se halla fuera de Europa. El grueso del crecimiento mundial se concentra y se concentrará en economías emergentes y en algunos países avanzados en los cuales la exportación española tiene aún mucho recorrido. De hecho, datos recientes de comercio exterior revelan que, precisamente, la debilidad económica tanto en España como en la eurozona se ha constituido en el empujón necesario para que muchas empresas españolas se decidieran a abordar definitivamente dichos mercados y aprovecharan el gran potencial que ofrecen. En China, India y Rusia, por ejemplo, la cuota de exportación española ha ido aumentando desde el año 2000 mientras otros de sus competidores más directos cedían terreno -Italia ha perdido cuota en todos ellos mientras que Alemania la ha visto menguar en India; en Brasil todos ellos, incluido España, han perdido cuota de mercado-.
  En definitiva, en un entorno como el actual, en el que el crecimiento del gasto interno se ve limitado por los ajustes, es necesario que la recuperación se apoye en la exportación, aprovechando al máximo las oportunidades de negocio en otros mercados más dinámicos. España no puede devaluar ni recurrir a la política monetaria o comercial para mejorar su competitividad pero sí dispone de margen para impulsar reformas estructurales que espoleen dicha competitividad vía eficiencia, inversión, innovación y calidad del capital humano y que potencien su atractivo como base exportadora. Los ámbitos de dichas reformas van desde mejorar la regulación y la burocracia hasta aumentar la competencia o facilitar el comercio exterior vía inversión en infraestructuras.
Y si bien desde el ámbito institucional pueden emprenderse iniciativas que promuevan dicha internacionalización, su verdadero motor de impulso está en la propia empresa y en sus directivos. A corto plazo, el motor de la recuperación española también está en sus manos… y difícilmente podría estar en unas mejores.
 

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