La economía estadounidense deja atrás los vigores de inicios de año y se encamina hacia un escenario más débil de lo que preveía el consenso de finales de abril, tras la publicación del avance del producto interior bruto (PIB) del primer trimestre. La principal causa de este tono disminuido hay que encontrarla en la pérdida de impulso que se está operando en la recuperación del mercado de trabajo.

Un mercado laboral más débil se traduce inevitablemente en un estancamiento de los ingresos de los hogares que, por ende, acaba repercutiendo en el gasto de consumo privado, que es el motor de la actividad, especialmente considerando su fuerte contribución al crecimiento del primer trimestre. Sin embargo, nuestra previsión de avance del PIB para el conjunto de 2012 se mantiene cerca del 2,0% ya que la mejora en el mercado de la vivienda y, especialmente, el descenso del precio del petróleo podrían compensar buena parte de estas debilidades. Los riesgos, empero, están sesgados a la baja, ya que la crisis de la eurozona continúa suponiendo un palo en la rueda de la recuperación estadounidense y el precio del crudo sigue sujeto a notables incertidumbres.

El consumo privado difícilmente mantendrá el ritmo del primer trimestre. La renta disponible de los hogares creció, en términos reales, un 0,9% interanual en abril, muy por debajo del avance del 2,1% que se dio en el consumo privado. Con unos ingresos casi estancados, la otra vía para sostener el crecimiento del consumo es la del endeudamiento, pero este se ve limitado por la situación patrimonial de los hogares. Si bien es cierto que la riqueza financiera de las familias se había venido recuperando en los últimos meses, su riqueza inmobiliaria, que es su principal activo tangible, sigue por debajo de la tendencia secular.
El principal problema del balance patrimonial de los hogares sigue siendo el elevado nivel de deuda, que se encuentra a medio camino de la normalidad. La deuda de los hogares ascendía al 109,2% de la renta disponible en el primer trimestre de 2012. Esto supone una reducción de 19,9 puntos porcentuales desde el máximo de septiembre de 2007, pero sigue estando 17,8 puntos por encima de la cota del 91,4%, que fue el promedio de 2000, año previo al inicio de la burbuja inmobiliaria
Las ventas al por menor confirman esta desaceleración del consumo respecto a un primer trimestre que se vio favorecido por un invierno anormalmente suave. Así, el comercio minorista, excluyendo los fluctuantes coches y gasolina, registró en mayo su segundo mes de retroceso que llevó el crecimiento interanual, en términos reales, hasta el 2,3%, cuando en marzo era del 3,4%. Asimismo, el índice de confianza de los consumidores del Conference Board bajó 6,8 puntos entre febrero y mayo, situándose 29,4 puntos por debajo de la media histórica. Un soporte para el consumo podría venir, empero, de la bajada del precio del petróleo.
Un descenso de 10 dólares en el barril de crudo supone, vía un ahorro en gasolina, un mayor presupuesto para el resto de la cesta de la compra equivalente a cerca de un 0,3% del PIB. El precio promedio del petróleo en los cuatro primeros meses de 2012 fue de 118,6 dólares por barril, con lo que el nivel de 90 dólares por barril con el que se cerró este informe, de mantenerse, supone un ahorro de 0,8% del PIB en un año. Así, aunque la naturaleza fluctuante del precio del crudo obliga a la cautela, el escenario es ahora distinto.

 

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