China apuntala su aterrizaje suave con un crecimiento del 8,9% interanual en el PIB del cuarto trimestre, lo que deja el avance de la economía para el conjunto de 2011 en el 9,2%. Para 2012, este ritmo debería disminuir, quedando en un 8,4% para el conjunto del año, una tasa que, si bien es alta en comparación con el conjunto de las economías avanzadas, queda cerca del límite del 8% que, según el Gobierno chino, garantiza la estabilidad y la paz social. Es por ello que la máxima prioridad de las autoridades está en garantizar el crecimiento.
La inflación se modera al 4,1%, pero el precio de los alimentos sube un 9,1%. El control de la inflación, que había sido principal objetivo hasta septiembre, pasa a un segundo término. El IPC de diciembre aumentó un 4,1% interanual, prácticamente invariado respecto al de noviembre, lejos del 6,5% de julio. Ello no significa que las tensiones inflacionistas estén conjuradas. El precio de la mano de obra continúa aumentando a causa de los cambios sociales que operan en el país, y el IPC de alimentación, que en China pesa cerca de la mitad dentro del índice general, repuntó ligeramente hasta el 9,1%. Con todo, los datos de diciembre dejan espacio para políticas expansivas.
El frenazo inmobiliario es el mayor riesgo para el escenario central de aterrizaje suave. El escenario central es el de un aterrizaje suave que se sustenta en las fuertes tendencias de fondo de la economía china. Pero los riesgos se decantan a la baja, con un frenazo de dos de los pilares del crecimiento de los últimos años: la vivienda y las exportaciones. El sector de la vivienda, que representa un 13,0% del total de la economía, está estancado. Los precios han dejado de subir y registran descensos en zonas significativas como Whenzhou, en la dinámica provincia de Zhejiang.
El suelo en construcción se ha reducido en un 25% y las ventas de diciembre han bajado un 8,4% interanual, cuando en el tercer trimestre crecían un 12,9%. La parte positiva está en que la menor inflación permitirá políticas monetarias que estimulen el sector, como la rebaja del coeficiente de caja. Por otro lado, continúa el éxodo de las zonas rurales. En diciembre la población urbana superó a la rural por primera vez en la historia china. Este movimiento también supone una fuente de demanda que debería ayudar a apuntalar el sector.
La producción industrial y las ventas minoristas evidencian un fondo de resistencia en el crecimiento. Por su parte, el sector exterior continúa a la baja. La balanza comercial de diciembre fue de 16.520 millones de dólares, algo superior al registro de noviembre, pero sin romper su tendencia de descensos. Las exportaciones crecieron un 13,4% interanual, un ritmo muy bajo para lo que es la economía china.
En el caso de las importaciones, los aires de desaceleración son más ambiguos. Si bien el crecimiento interanual fue de un 11,2%, inscrito en la banda baja, ello se debió en parte a fuertes efectos de base. La importación de metales básicos como el cobre, que en China es un indicador de la actividad industrial, evolucionó decididamente al alza, lo que viene a dar soporte al escenario central de crecimiento por encima del 8%.
Mostrando un patrón parecido, la producción industrial de diciembre repuntó ligeramente, con un avance que llegó al 12,8%, evidenciando que existe un fondo de resistencia en la actividad del gigante asiático. Otro factor positivo fueron las ventas minoristas de bienes de consumo, que se incrementaron un 18,1% interanual en diciembre.
El consumo privado, que sigue siendo el gran ausente de la ecuación del crecimiento, con un peso en la economía que apenas roza el 35%, tiene un importante potencial al alza. El problema es si su despertar será lo suficientemente rápido como para compensar el retroceso exportador y un eventual frenazo inmobiliario.


