En  la sociedad del conocimiento, la riqueza está en las ideas. Pero, ¿cómo se asegura uno que: primero, tiene ideas, y segundo, que las ideas que tiene sirven para algo (y, por tanto, alguien les asigna un valor)? En esta sociedad tan competitiva como en la que estamos (y que lo será más cada día que pase), ser capaz de generar ideas puede que sea fundamental. Y, aunque para ello hay algo de arte tácito que no puede aprenderse (el talento), la verdad es que para que aparezcan ideas en nuestra mente será imprescindible ponerse en un estado de aprendizaje permanente.
El problema empieza cuando nos damos cuenta de que para aprender hay que resolver dos problemas: primero, hay que disponer de tiempo (y las empresas entienden poco, hoy por hoy, que hay que premiar a sus empleados con tiempo…), y segundo, hay que encontrar aquel sistema de aprendizaje que más se adecue a nuestra forma particular de aprender.

Porque la verdad es que no todos aprendemos de la misma forma. Con su claridad  proverbial, lo dice Peter Drucker en un capítulo de su nuevo libro Management challenges for the 21st century, que lleva por título “Managing oneself”. El mensaje es claro: hay que aprender a desarrollarse (gestionarse) la carrera de uno mismo. Hay que saberse cultivar para saberse vender en el mercado de los intelectos. Y para cultivarse, es fundamental que encontremos nuestra mejor forma de aprender.
Voy a confesar algo. He tardado muchos años en darme cuenta de que mi forma preferida de aprender (yo diría que la fundamental) consiste en leer. Leo vorazmente (creo que mis mensajes lo delatan…), y me fascina capturar nuevas ideas. En cambio, soy un desastre escuchando.
Pasé muchas asignaturas en la universidad sin ir a clase: no hacerlo hacía el proceso de aprobar más difícil, pero no podía aguantar algunas clases aburridas, durante las que pensaba en el tiempo que estaba perdiendo y que podría estar dedicando a leer los libros que recitaban algunos profesores en clase.
Después, con el tiempo, he ido entendiendo que esa misma situación pueden tenerla mis alumnos de ahora….Porque hay gente que aprende leyendo, otros escuchando, otros haciendo, otros escribiendo, y otros oyéndose hablar (conozco a gente muy brillante que convoca a sus colaboradores a reuniones en la que nadie habla excepto ellos/ellas, porque al escucharse se sorprenden a sí mismos sobre lo que piensa su mente, y así aprenden de sí mismos.

Como una especie de esquizofrenia intelectual… Yo creo que, aparte de aprender leyendo, cada vez más aprendo escribiendo. Esta es la razón de que cuando me pongo a escribir estas notas, después de jornadas agotadoras (como la de hoy…), ya de noche, siento que me revitalizo, y por muy cansado que esté, en seguida me despierto… porque, otra confesión, el primero que aprende con extra!-net soy yo mismo.
¿Te has planteado tú como aprendes? ¿Estás invirtiendo en encontrar tu forma ideal de aprender, con el fin de localizar después “yacimientos de tiempo” que puedas aprovechar para aprender?
Tiempos de cambio, también en la educación…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here