Pero no lo es menos que las medidas que tratan de solventar esos problemas urgentes no van a ser exitosas si no se acompañan de una “hoja de ruta” clara, con total compromiso político, que dé garantías a los inversores internacionales de que la Euro-zona avanza con paso firme hacia el estable-cimiento de un marco institucional estable que dé garantías de solidez a largo plazo a la moneda.
Ese marco institucional debe tener tres componentes esenciales para atajar las debilidades estructurales antes aludidas:
a) En primer lugar, un mayor grado de integración fiscal entre los países de la Euro-zona, con reglas compartidas sobre los ni-veles de déficit y deuda pública asumibles por los distintos países miembros, así como una autoridad política central que per-mita su aplicación de una manera efectiva. La emisión conjunta de deuda mediante algún tipo de eurobonos sería un corolario lógico de esta cesión de soberanía.

b) En segundo lugar, mecanismos políticos que impidan divergencias permanentes y sustanciales de competitividad entre los países de la eurozona. En ausencia de voluntad política para constituir cierto grado de transferencias fiscales en el seno de la Eurozona, es fundamental contar con un sistema de supervisión de posiciones competitivas y los instrumentos políticos necesarios para:
• detectar prontamente la generación de desequilibrios, y
• promover efectivamente la adopción de medidas de precios y costes orientadas al restablecimiento de la competitividad.
Es preciso reconocer, además, que este tipo de instrumentos políticos exigen una
cesión muy importante de soberanía de los países que integran la eurozona, dado que en ausencia de reformas estructurales y cambios institucionales adoptados por las autoridades nacionales, los ajustes necesarios deben ser impuestos por la autoridad política central;

c) Y, finalmente, el establecimiento de mecanismos estables de resolución de crisis financieras como las que hemos vivido des-de 2007 en el seno de la UEM. Aún si se adoptan decisiones de mayor integración fiscal y política, no es descartable que en el seno de la unión se generen en el futuro de nuevo importantes desequilibrios, por lo que es fundamental disponer ex ante de acuerdos que delimiten de la mejor manera posible el reparto de los costes de las crisis entre los sectores público y privado, y entre los distintos países miembros.

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