Tanto por el nivel actual del precio de los inmuebles como por su relación con los ingresos de los hogares, que históricamente han evolucionado paralelamente al precio de los inmuebles, existen indicios de que el ciclo que se abrió con la burbuja inmobiliaria podría haberse cerrado.
Pero más que el inicio de una recuperación de los precios, lo más que se puede decir al respecto es que los riesgos a la baja son moderados.
Según economistas como Robert Shiller, a la vivienda todavía le queda un recorrido a la baja del 15%, que se acerca al 20% por encima del promedio histórico en el que se encuentra la ratio precios de las viviendas – ingresos medianos de los hogares, cuando se toma en consideración el índice Case-Shiller. Los tipos de interés hipotecarios actuales, que están en un nivel históricamente bajo, debe- rían, empero, limitar caídas adicionales de esta magnitud.

La evolución de los últimos meses, bajista, pero cada vez con descensos menores, hace pensar que el fondo no debería estar lejos. Un 5-10% podría ser un valor razonable de recorrido a la baja, que podría evitarse en gran parte si la economía recuperase un buen ritmo de crecimiento económico.
Un crecimiento nominal de la economía igual o mayor que el 4% anual es clave para romper el círculo vicioso actual donde el bajo crecimiento provoca desempleo, que genera un aumento de los impagos, que a su vez alimentan la sobreoferta de viviendas que presiona a la baja los precios y de-prime la actividad constructora, lo que lastra el crecimiento y redunda en la baja creación de empleo.
Un mayor crecimiento nominal del conjunto de la economía debería redundar en un aumento del empleo, que a su vez llevaría a una subida de los ingresos de los hogares, lo que contribuiría a transformar el círculo vicioso actual en círculo virtuoso. En primer lugar, el aumento de los ingresos debe- ría contribuir decisivamente a la reducción de la sobreoferta de viviendas, tanto por la reducción de los impagos como por la reactivación de la formación de nuevos hogares, que fortalecerían la de-manda de viviendas.
Asimismo, también la ratio precio de la vivienda-ingresos volvería de forma inequívoca a su promedio secular sin necesidad de correcciones adicionales de precios, lo que mejoraría el balance de la riqueza neta de los hogares. La desaparición de la sobreoferta de viviendas debería suponer a su vez un apoyo a la creación de empleo que, junto con la mejora de la riqueza neta, seguiría reforzando el crecimiento a través del consumo privado.
La recuperación del mercado de la vivienda en Estados Unidos será más rápida o más parsimoniosa en la medida en cómo evolucionen las perspectivas del crecimiento del conjunto de la economía. A tenor de las previsiones para 2012, con un crecimiento del PIB que difícilmente sobrepasará el 2,0%, puede concluirse que, si bien el fondo está cercano, este círculo virtuoso que conjuraría los males del sector no llegaría hasta la segunda mitad de 2013.

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