En este punto se plantea una pregunta fundamental: ¿cómo medir la importancia del sector información en la economía de los países? En la actualidad, se utilizan generalmente dos fórmulas: la medida de la contribución al PIB por parte del sector y la medida de su contribución al empleo en el país.
Por lo que se refiere a la contribución al empleo, una propuesta fechada en 199428 dividía la economía norteamericana en tres grandes macrosectores: producción de bienes, con un
14,7% del empleo en los Estados Unidos; servicios orientados a las personas (es decir, banca, hoteles, servicios sanitarios, administración pública, educación primaria y secundaria, etc.), con un 70% del empleo; e información (publicidad, comunicaciones, editorial, software, pero también ordenadores, educación universitaria, etc.), con un 15,3% del empleo.
La medida de la contribución al PIB no resulta fácil. Primero, porque algunas de las actividades de lo que hemos llamado “sector de la información” no pueden ser clasificadas mediante sistemas más pensados para la era industrial. Segundo, y como consecuencia de lo anterior, porque, a falta de código propio, la contribución de muchas actividades informacionales se incluye en segmentos no disectables del sector servicios, que actúa así como gran “cajón de sastre” (es el caso de muchas actividades de la industria de contenidos), o incluso del sector manufacturero (caso de la industria informática, por ejemplo).
Como consecuencia de esas dificultades, han sido más bien escasos los intentos de medida del sector información realizados hasta ahora. No extraña, por tanto, que en este punto se cite sistemáticamente (religiosamente, cabría decir) los estudios sobre el sector información en los Estados Unidos llevados a cabo por Machlup en los sesenta y por Porat en los setenta, como ya hemos recordado más arriba. Según Machlup, el 34,5% del PIB norteamericano se debía al sector información (que, por cierto, fue el primero en definir), mientras que los estudios de Porat permitieron aumentar esa cifra hasta el 46%.
Para evaluar mejor el impacto del sector información en la economía, en términos de PIB y
empleo, es preciso, pues, avanzar hacia una mejor definición del mismo, consiguiendo una
más detallada clasificación de sus diferentes segmentos y subsegmentos.
Un paso importante en esta dirección lo constituye el hecho de que la administración norteamericana esté renovando la tradicional SIC (Standard Industrial Classification), que databa de los años 30 y que ha funcionado bien en la era industrial, transformándola en la NAICS (North American Industry Classification System). Esta nueva clasificación es la que ha sido usada en el Economic Census de 1997, cuyos cuestionarios fueron enviados a unos cinco millones de empresas norteamericanas.
Esta nueva clasificación contiene 300 sectores nuevos, y agrupa algunos anteriores en categorías mas lógicas. Así, por ejemplo, bajo la gran categoría de sector de la nformación se incluye el sector editorial, el del software, la industria cinematográfica, los medios de comunicación y telecomunicaciones.
En otra categoría de servicios profesionales, científicos y técnicos, se incluyen los servicios legales, auditores, consultores, agencias de publicidad, empresas de investigación de mercados, de estudios de opinión, etc. Con este cambio hacia el NAICS se pretende reflejar más acertadamente lo que está ocurriendo en la economía, cosa que la SIC ya no permitía.
En el caso de España, no se dispone de cifras fiables sobre la contribución del sector información, aunque se han presentado propuestas metodológicas para su mejor medida en algunos de los institutos estadísticos oficiales. Por otra parte, una estudio reciente confirmó que el esquema estadístico actual no permite calcular con precisión ni la composición de ese posible sector información (desgajar sus componentes del cajón de sastre de “servicios»), ni su importancia en términos de empleo (es decir, quién es whitecollar, y quién no).
A pesar de todo, el estudio llegó a dos cifras (que deben tomarse sólo como una primera aproximación, bastante prudente en cuanto a la estimación de las cantidades finales):
– La participación del sector primario de la información (es decir, excluyendo el trabajo de
manejo de información dentro de las organizaciones) representó el 16,5% del PIB español
en 1994 (el 10% si se considera el valor añadido bruto).
– El 37,9% de los ocupados en España en 1996 podían ser clasificados como trabajador de la información (no necesariamente en la producción de bienes y servicios que proveen información al mercado, sino también en servicios y uso de información dentro de las empresas).


