La situación política y social en este país viene marcada por la difícil superación del asesinato de 1,7 millones de personas a manos de los jemeres rojos. En los 8 años que hace que se lanzó la iniciativa de enjuiciamiento de los líderes de los Jemeres Rojos, se han tenido que vencer muchos obstáculos y dificultades. Ante todo, políticos: el actual primer ministro, Hun Sen, también perteneció a los jemeres rojos y, a pesar de la presión internacional, ha retrasado todo lo que ha podido la implantación de dicho pro ceso.
En este sentido, permitió que los principales dirigentes murieran con total impunidad (Pol Pot en 1998, Ta Mok en 2006). Después, técnicos: tras largos meses de negociaciones, finalmente se adoptó el reglamento de procedimiento interno, previo a cualquier actividad judicial, en junio de 2007. También financieros: y es que, además de las múltiples críticas recibidas por su funcionamiento, la jurisdicción también tenía que hacer frente a un grave déficit presupuestario y la ONU acabó impacientándose. Pero, al final, en otoño de 2007, empezaron los trabajos.
Se realizaron los primeros arrestos: el antiguo presidente Khieu Samphan, el torturador del centro de torturas S21, Kang Kuek Eav (alias Douch), el antiguo ministro de Asun tos Exteriores, Ieng Sary, fueron detenidos y acusados de crímenes contra la humanidad, genocidio o crímenes de guerra.
La perspectiva de una apertura del proceso en 2008 se ha visto reforzada y la gente empieza a tomarse más en se rio una iniciativa que en un principio se acogió con escepticismo. Los formularios de presentación de demanda y constitución de parte civil se ultimaron a principios de octubre. Pa ra ayudar a los posibles de mandantes con unos procedimientos que incluso los mismos abogados consideran complicados, veintitrés ONG nombraron un comité de acción responsable de la ayuda legal.
A principios de noviembre, las Salas Extraordinarias de los Tribunales de Camboya recibieron doscientas solicitudes de acción en justicia, lo que pone de manifiesto que la sociedad civil se está empezando a implicar en el proceso. Por lo demás, si bien el compromiso de la sociedad civil es una condición sine qua non para el buen desarrollo de un proceso, el efecto mediático de estos procesos también ha reactivado el interés. Ahora falta que consigan su principal objetivo: reconstruir una sociedad y un Estado muy debilitados por este período.



