La eficiencia en los procesos informacionales depende intensamente de la calidad del intercambio social entre personas. Dicho de otra manera: no es tan importante la información en sí, como el proceso de intercambio, de “socialización”, de información entre personas. Así, de nuevo, vemos que la información no es una “cosa”, sino un proceso social, un intercambio entre personas.
La primera lectura sobre este tema, altamente recomendable, es el libro The social life of information, de John Seely Brown, el director científico del PARC de Xerox, y Paul Duguid, asesor en el PARC y profesor de estudios culturales y sociales en la Universidad de Berkeley en California.
Leer este libro ha resultado un verdadero placer, aunque sólo sea porque resume muy bien muchas de las cosas de las que hemos hablado en Extra!-Net. Paso a resumirlo…
Los autores son gatos viejos en cuanto a tecnología se refiere. Han estado y siguen estando en uno de los lugares donde se define el futuro, el PARC de Xerox. Por tanto, saben de qué hablan. Pero, y esto es justamente lo interesante, precisamente porque están dónde están saben que un discurso totalmente tecnofílico (la tecnología tiene toda la razón, y reina sin obstáculos) es erróneo.
Así, empiezan por poner en duda algunas de las afirmaciones más difundidas en esta economía digital: que las organizaciones desaparecerán a favor de individuos liberados, que la distancia ya no importa, que los “agentes” serán pronto más listos que nosotros mismos, que los procesos lo son todo en las empresas, que el aprendizaje es algo puramente personal, realizable a escala individual, que el libro no tiene futuro, etc.
De una manera pausada, muy razonada, van desmontando todas estas afirmaciones. Y el factor común en sus argumentaciones es que, mal que nos pese, somos personas, y las personas somos seres sociales. Nuestra relación con la información es compleja. Para que entendamos algo no es, por ejemplo, suficiente que nos los digan, sino que debemos querer entenderlo, y debemos estar en la situación adecuada para poderlo entender (poseer el adecuado background, estar motivados o interesados por el tema, etc). Más aún, es nuestra relación con otras personas la que nos ayuda a sacar rendimiento a la información que pasa por delante nuestro. Es la relación con otros la que nos ayuda a entender… es el contexto social el que nos ayuda a encontrar sentido a esa información…
En mi opinión, lo más interesante de su contribución es que proponen que, en el fondo, nuestra posición consiste en manejar tensiones entre contrarios. Por ejemplo, trabajamos más eficazmente cuando estamos solos, pero necesitamos de los demás para aprender en el trabajo. Las rutinas nos ayudan a coordinar mejor los procesos en las empresas, pero para enfrentarse a los cambios precisamos de nuestra capacidad de improvisación (que un robot todavía no puede aplicar). Necesitamos de estructura para funcionar, pero sin espontaneidad no avanzamos en caminos nuevos…
La conclusión del texto es muy clara, creo: las personas son componentes esenciales de todo sistema de información… y los mecanismos sociales de intercambio, apoyo, aprendizaje, de información y conocimientos, son tanto o más importantes que las tecnologías de la información que hemos desarrollado. Debemos aprender más sobre cómo las personas intercambiamos información a la hora de diseñar sistemas de información más eficaces…
Justamente esto me lleva a la segunda lectura, llegada providencialmente a mi buzón cuando estaba acabando el libro citado. Se trata del número de Febrero-Marzo de 2000 del Bulletin of the ASIS, que trata monográficamente sobre el nuevo campo de social informatics, que yo me atrevo a traducir por socioinformática.
Este es un campo iniciado por varios autores norteamericanos, entre ellos Rob Kling, que ha fundado en Center for Social Informatics en la Indiana University. La socioinformática tiene por objeto estudiar los “aspectos sociales de la informatización”. O sea, los efectos culturales, el contexto social, en la aplicación de tecnologías de la información. Un campo muy cercano a lo que nosotros definimos como Infonomía…
Pues bien, en este número del Bulletin del ASIS, hay un fantástico artículo de Terry Von Thaden, titulado “Social Informatics and Aviation Technology”, en el que se explica como la mayoría de accidentes de aviación no se deben a las máquinas, sino a procesos ineficientes de intercambio de información entre personas. O sea, la ineficiencia en el intercambio en el factor social, en las cabinas, es la principal causa de los accidentes… Y lo curioso es que, al parecer, las compañías estimulan la rotación frecuente de las personas en las tripulaciones, de manera que no se constituyen grupos que puedan definir espontáneamente unas pautas de intercambio de información…
La idea es simple: son las personas las que definen los sistemas de información.
Volviendo al libro que citaba antes, los autores aportan una afirmación muy curiosa. Dicen que si la NASA se propusiera ahora volver a enviar un hombre a la Luna, tendría que empezar desde cero, porque, aunque dispone quizás de la información necesaria, y de las máquinas, no dispone de las personas que lo hicieron posible, y por tanto, no tiene la “expertise” las sinapsis personales, precisas para tal empresa… Tienen el conocimiento explícito sobre la cuestión, pero han perdido el tácito…



